Jueves 11 de Junio del 2020. Entrevista a Julia Sanjurjo en relación a su disco Retrato, editado por DISCOS ICM en Abril de 2019. Por Iván Consorte. Escuchalo y descargalo aca: https://juliasanjurjocuarteto.bandcamp.com/album/retrato

¿Cómo surgió la idea de hacer este disco? 

A finales del 2015 me surgió el deseo de tener un proyecto de música propia. En años anteriores había tenido distintas oportunidades de estrenar músicas (no sé bien cómo nombrarlas porque no creo que sean canciones y muchas veces siento que cuando digo que son composiciones, el título les queda grande… capaz son simplemente temas ¿no?) pero tenían un papel secundario en el planteo de mi repertorio.

En 2016 escribí una obra, y acá sí diría que le calza el término porque tiene que ver con mi recorrido académico, que resultó de un trabajo para la facultad en el que teníamos que componer para ensamble instrumental basándonos en un texto. Durante la investigación, me encontré con una poesía de Rodolfo Fogwill que hasta hoy me fascina y se llama «Contra el cristal de la pecera de acuario». Sobre ella me basé en el trabajo y ese desafío me dio un gran empuje para seguir por ese camino. 

Entonces, cuando aparecieron las ganas de generar un material y armar un grupo con músicos de jazz, tuve que ponerme a pensar qué quería decir. Como no me considero una persona dotada de la palabra para la composición, se me ocurrió que podía trabajar sobre textos de otros autores como lo había hecho con aquel trabajo práctico devenido en pieza musical a la que titulé «El agua que corre al oír tu nombre». A partir de ese disparador, recibí mucha ayuda de distintas personas que me fueron acercando nombres y títulos para empezar a investigar. Como en una suerte de coincidencia, en 2016 el Fondo Nacional de las Artes lanzó el primer programa de Becas Creación al cual presenté este proyecto y obtuve el incentivo y el beneficio del financiamiento para dedicarme de lleno. Pasé meses leyendo, investigando, pensando, hasta que seleccioné 8 poemas para musicalizar. En el medio de ese proceso, me dieron ganas de escribir texto, así que me animé a escribir mis propias letras sin tanto prejuicio ni tanta presión.

«Retrato» es una parte de ese resultado. Digo una parte porque hay dos composiciones que quedaron afuera, las cuales ni siquiera grabamos, e incluso hay una que grabamos pero en su momento decidí que no tenía que formar parte del disco. 

Creo que fue un gran trabajo. No grande por la trascendencia que pueda tener para otras personas, sino más bien por todo lo que aprendí, por lo que significó y hoy significa para mi. Fue todo un desafío tratar de hacer que la palabra se transforme en música, que no suene forzada, que haya una búsqueda estética atrás de cada sonido, entre tantas otras cosas. 

Pudimos tocarlo mucho en vivo, la música fue madurando y creo que tuvo una buena recepción/aceptación. Al día de hoy, siento que con el grupo logramos una unión muy especial que alimentó aún más mi deseo de seguir buscando por ese camino en el que me imagino que pueden convivir la improvisación, la composición, la palabra en nuestro idioma, el jazz y todas las influencias que tengo y que soy a la vez.

¿Hay algo que te llevó a elegir a la poesía de determinados autores y no otros?

El proceso de selección no tuvo que ver con los autores directamente porque inclusive muchos de los escritores que me conmueven no quedaron en el plantel. Si bien el contenido me resultaba importante, elegí las poesías por distintos motivos: algunas por la sonoridad de las palabras (como «La voz cae», que no quedó en el disco pero está filmada y subida para escuchar online) otras por la métrica que se desprendía al leerlas (como el caso de «Torre»), otras por la forma (como el caso de «Hombre Marino»), y así. También trataba de guiarme por mi intuición y entonces cuando leía algo que me inspiraba una sonoridad, se quedaba conmigo. 

¿Cómo fue la grabación del disco?

El disco lo grabamos en septiembre de 2017. Fueron dos jornadas en el hermoso estudio «Los Elefantes» con el capo de Juan Belvis operando. Yo tenía muchas dudas sobre mí, tanto en la performance como en la propuesta artística, pero fue maravilloso sentir el apoyo y la energía de Ernesto, Rodrigo, Maxi y Sergio. Hicieron que la música vuele a otro nivel y me ayudaron a confiar y a dar lo mejor de mí a pesar de sentir que no estaba preparada para ese momento.  

Después me acerqué al estudio para re-grabar algunas secciones buscando que mi voz tuviera mejor definición porque, claro, no sabía nada de grabar y ahí entendí la distancia entre grabar en estudio y cantar en vivo. Creo que después de esa experiencia ambas cosas se retroalimentaron. 

¿Qué experiencia te dejó todo el proceso?

El proyecto entero, los ensayos, las gestiones, los viajes, los conciertos, la grabación, edición y presentación del disco fue todo un ciclo maravilloso en el que me encontré llena de preguntas que hoy me siguen acompañando, pero fue gracias a todo eso que confirmé la importancia fundamental del trabajo colectivo en mi vida. Teniendo en cuenta los músicos que formaron parte del proyecto, yo no estaba ni cerca de poder desenvolverme como ellos, pero creo que también es parte del espíritu de esta música (y cuando digo esta música, hablo del jazz): la posibilidad de cantar/tocar y aprender de músicos con más experiencia como el caso de ellos, con ese nivel de escucha y de entrega… Después de un tiempo, Carto Brandan pasó a ser el baterista del grupo y Nataniel Edelman el pianista en algunas oportunidades. 

Estoy eternamente agradecida con los seis compañeros de lujo que elegí y se sumaron con mucho entusiasmo al proyecto. 

Agrego algo que me encanta contar; en la última visita que hizo el contrabajista Mark Helias a Buenos Aires, pude hablar mucho con él y escuchar sus genialidades además de su inmenso sonido. Hablando de mis dudas acerca de por dónde seguir, el conflicto de la «carrera» académica vs. la música improvisada, el me dijo algo que fue revelador: «Si elegís dedicarte a esta música (a la música creativa, improvisada, al jazz), vas a conocer a la mejor gente del mundo». 

¿Qué te gustaría que se genere en los oyentes? ¿Tenés alguna recomendación para hacerles al momento de que lo escuchen? 

Para una primera aproximación, recomendaría lo mismo que se puede recomendar con cualquier música que está pensada para ser escuchada atentamente: elegir cómo y dónde, escucharlo entero y en orden. 

¿Qué lugar ocupa el jazz en tu estética como artista?

Para mí, el jazz es un universo cada vez más grande, complejo e inexplicable. Cuanto más investigo la tradición, más me atrae. Me apasiona, lo estudio, me hace crecer y siento una conexión espiritual muy intensa. No lo concibo como un estilo. Ni siquiera sé si lo considero un género. Lo vivo como una manera de hacer, pensar y escuchar música. Mi concepto es jazzístico porque yo me considero un músico de jazz, pero creo que las influencias de otras músicas con las que crecí también están ahí. Las percibo en mi música y las celebro.

Para terminar ¿Podrías nombrarnos cinco discos que te parezcan importantes en tu formación como artista?

Los 5 discos, qué trinchera. Simplemente para poder acotar un poco el rango, voy a elegir discos con cantantes que recuerde con precisión la primera vez que los escuché:

1 – «The newest sound around» de Jeanne Lee & Ran Blake. Cuando escuché los primeros acordes, pensé que me había equivocado de disco y había puesto Schoenberg. La combinación entre la música contemporánea y el standard de jazz. La voz de Jeanne Lee, una de las más francas, austeras y profundas que conozco. Por primera vez escuché un «solo» de una cantante usando casi exclusivamente vocales para improvisar. Y Ran Blake, el acompañamiento (o el anti-comping como solemos decir con algunos amigos y amigas) desplegando un universo sonoro totalmente único. Bueno, creo que ellos inventaron esa estética.  

2 – «How it was then… never again» de Azimuth (Norma Winstone, John Taylor y Kenny Wheeler). Las composiciones de Kenny Wheeler son un antes y un después en mi vida. La manera de cantar de Norma Winstone y sus letras increíbles, y el timbre que John Taylor saca del piano. Tengo muy presente la imagen en la que estoy sentada y le pongo play a ese disco en mi habitación de la casa en el barrio del Congreso en la que viví entre 2014 y 2015.

3. «Straight ahead» de Abbey Lincoln. Digo la formación y con eso una gran parte del asunto: Coleman Hawkins, Eric Dolphy, Booker Little, Mal Waldron, Art Davis y Max Roach. Algunos están sólo invitados. La crudeza del sonido, la fortaleza en la manera de cantar de ella, lo contundente del mensaje colectivo: todos músicos negros, expresando fervientemente libertad, manifestando la injusticia, el racismo y la opresión social a través de la música. Un disco demencialmente poderoso.

4. «Feed the fire» de Betty Carter. Y una vez más, la formación que ya dice casi todo: Geri Allen, Dave Holland y Jack DeJohnette. El lugar desde donde ella canta es único. El control de la forma musical y del espacio en el fraseo no se puede creer. La agilidad rítmica y la paciencia, esa articulación tan particular que me hace sentir como si estuviera suspirando lo que canta. También fue la primera vez que escuché a una cantante a la que no le podía reconocer una canción, salvo por la letra o chequeando el título en el disco. Una improvisadora total, quizás la más extrema de las cantantes de jazz.

5. «Tony Bennett y Bill Evans». El disco que me inició en el jazz y que en la lista dejo para lo último. El piano como si fuera una orquesta, la armonía hiper colorida impresionista. Esa voz. Nunca me voy a olvidar del impacto que me causó la primera vez que lo escuché, cómo salen los dos haciendo «Young and foolish». Un campo magnético en el que todavía estoy imantada. Ese carácter dramático-italiano, el timbre por momentos un poco ronco, esa línea de canto como un trazo grueso… Reconozco que, aunque jamás en la vida lo vaya a lograr, cuando me pongo más dramática cantando es porque quiero sonar como él.